Lecturas adaptadas para niños y niñas del PRIMER CICLO DE PRIMARIA para educar en valores.

GOTITA DE AGUA


Este era un pobre campesino que sólo tenía un pequeño campo sembrado de maíz.
Trabajaba todo el día en él, arrancando la hierba y enderezando las matas.
El campesino estaba triste porque, por falta de agua, las plantas estaban marchitas y temía que se secaran.
Un día, mientras miraba al cielo con tristeza, desde una buena nube dos gotas de agua observaban al campesino y una de ellas le dijo a la otra:
-El campesino está muy triste porque sus milpas se mueren de sed. Quiero hacerle algún bien.
-Sí - contestó la otra-, pero piensa que eres sólo una gota y no conseguirás humedecer siquiera una mata de maíz.
-Bien -replicó la primera-, aunque soy pequeña haré lo que pueda.
Y al decirlo se desprendió de la nube. Aún no había llegado a la tierra, cuando otra gotita dijo:
-Yo iré también.
-Y yo, y yo - gritaron muchas gotas.
A poco, miles de gotitas caían sobre las plantas de maíz en ruidoso aguacero.
Las plantas, agradecidas, se enderezaron enseguida y el campesino obtuvo una cosecha abundante de maíz. Todo porque una pequeña gota de agua se decidió a hacer lo que podía.
(autora Carmen Norma , adaptado )

EL SOL, LAS NUBES Y LAS ESTRELLAS


Érase una vez, en una tierra muy, muy lejana, un país, donde estaba siempre lloviendo, lloviendo y lloviendo todos los días, durante años y años.
Y allí, vivía un niño chiquitito, en una casita en la montaña, con su papá y su perrito.
Tenía siete años, y todos los días de su vida, había llovido y llovido durante todo el día y toda la noche.
¿Te puedes imaginar estando siempre lloviendo y siempre húmedos?
La gente contaba que antes de que él naciera, había habido una cosa extraña que se llamaba Sol.
El sol era una cosa grande, redonda y amarilla, que daba calor y luz a todo. Aquella cosa siempre tenía una sonrisa en su cara grandota, redonda y amarilla. Y todo el mundo al verlo brillar en el cielo sonreían también.
El niño pequeñito no podía imaginar una cosa grande, redonda, amarilla y sonriente. Y no podía creer que la gente pudiera mirarlo y sonreírse, porque en su pueblecito nadie se sonreía, todos parecían muy tristes.
Un día, la gente empezó a comentar que los cielos parecían un poco más claros. Todavía estaba lloviendo y las negras nubes aún estaban colgando del cielo, pero era cierto que parecía más claro.
Al día siguiente, estaba lloviendo menos.
Y al siguiente, solo llovió la mitad del día.
Al otro, solo hubo unas pocas lloviznas, y las ventanas goteaban de vez y cuando.
Y al otro, dejó de llover; al siguiente, todas las nubes eran de color blanco.
Un día más y aparecieron trozos de cielo azul.
De repente, no había ni una sola nube y una cosa grande, redonda y amarilla estaba flotando en el cielo, dando calor y luz a todos.
Y la gente miraba hacia arriba y sonreía al verlo, porque tenía una enorme y radiante sonrisa.
Y el niño pequeño se sentó en su cama y vio por fin, a través de la ventana, una cosa grande, redonda y amarilla en el cielo con una gran sonrisa en su cara.
¡Eso debe ser el sol! Dijo el niño sonriéndole también.
Y corrió por las calles, viendo que todo el mundo estaba sonriendo.
El niño se dio cuenta de que todo era mucho más bonito con el Sol y que la gente estaba mucho más feliz.
( autora Caroline Sedgwick, adaptado )

La pompa de jabón



Érase una vez una niña que estaba en la ducha y se encontró un pompa grande, que nunca explotaba. La pompa y la niña se hicieron amigas.
Jugaban juntos en el baño cada vez que la niña se aseaba.
Un día la niña se fue a jugar con sus amigos y amigas y dejó a la pompa en el baño con la ventana abierta.
Al poco rato vino un viento muy fuerte y se llevo a la pompa, que subía y subía en el aire.
En la calle hacía calor y la pompa tenía miedo de calentarse demasiado con los rayos del Sol y explotar. La pompa desde el aire miraba a los niños y a las niñas como jugaban , corrían y se divertían.
La pompa se sintió solita y triste porque ya no estaba con su amigo.
Se hizo de noche y la pompa se refugió en un árbol para dormir.
La niña había estado buscando a su pompa todo el día y cuando al día siguiente la encontró enredada entre las ramas, se subió al árbol y la rescató .
Se la llevó a su casa y juntas celebraron la llegada de la primavera . Nunca más se separaron.

LA LLUVIA

A Margarita le entraron unas ganas tremendas de saber contar.
Le enseñaban con garbanzos y ella se aplicaba:
– Uno, dos, tres... veinte... treinta...
– ¿Y ahora qué sigue?
Y así un día y otro…
Cuarenta, cincuenta... y ya contaba de corrido hasta ciento. Estaba feliz.
Un día aparecieron nubes en el cielo.
Ella se sentó junto a la ventana de su cuarto sin hablar. A todos les extrañó verla con la vista fija sobre los cristales.
Empezó a llover y ella soltó por el aire sus números, los que había aprendido, como si fuesen globos de colores.
– Uno, dos, tres... Contaba apresuradamente con ansiedad. Apretaba la lluvia y ella casi se ahogaba porque no podía contar tan rápido.
– Sesenta... setenta... noventa... cien...
Y soltó a llorar.
– ¿Qué te pasa?
– Se me acabaron los números. Ya no puedo contar más.
– ¿Qué contabas?
- Eso... eso... Yo quiero saber cuántas gotitas tiene la lluvia.
(Amira de la Rosa, adaptado )

LA VISITA DE LA PRIMAVERA

Había una vez una ciudad en donde no conocían las flores.
En los floreros ponían alcachofas, puerros y hojas de perejil.
Y nadie sabía distinguir una rosa de una calabaza.
Todo esto sucedía porque la Primavera nunca había pasado por allí.
Mientras tanto, doña Primavera se aburría sin saber qué hacer.
Doña Primavera decía suspirandoAy! ¿qué hago ahora? ¡Me aburro!
Un día sacó una gran bola del mundo y dijo:
- Con lo despistada que soy, seguro que he olvidado pasar por algún lugar.
Estuvo repasando la bola durante mucho tiempo.
De repente …¡Oh!: ¡Aquí hay una ciudad en donde no me conocen!
Doña Primavera se vistió con un traje hecho de pétalos de rosa y, en un vuelo, llegó a la ciudad.
Toda la gente salía de sus casas para ver aquello tan hermoso.
Y doña Primavera saludaba a todo el mundo diciendo:
-¡Hay flores para todos! ¡Ha llegado la Primavera!
Doña Primavera tocaba los árboles y éstos inmediatamente florecían. A su paso brotaban los rosales, los geranios y los jazmines.
Doña Primavera derramó flores por los campos, por los jardines, por las plazas.
Y todos cantaron y bailaron cogidos de las manos alrededor de Doña Primavera.

El árbol mágico

Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado . En el centro del prado encontró un árbol con un cartel que decía:
“Soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.”
El niño trató de acertar el hechizo, y probó con varias palabras : abracadabra, supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada.
Rendido, se tiró al suelo y suplicando le dijo al árbol :
"¡¡Por favor, arbolito!!", ¡arbolito, por favor!
Y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. El niño entró y vio que todo estaba oscuro, menos un cartel que decía:
"Sigo haciendo magia".
Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia una gran feria llena de atracciones, música y globos de mil colores.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias", son las palabras mágicas.

Debemos pedir todo por favor y dar siempre las gracias.

La estrella diminuta

Había una vez una estrella muy, muy chiquitita, tan pequeñita como un mosquito, que vivía en el cielo junto a sus papás, dos estrellas enormes.
La pequeña estrella era muy curiosa y siempre quería verlo todo, pero sus papás le decían que aún era pequeña para ir sola, y que debía esperar.
Un día, la estrella vio un pequeño planeta azul; era tan bonito que se olvidó de lo que le habían dicho sus padres, y se fue hacia aquel planeta.
Pero voló tan rápido, tan rápido, que se desorientó y ya no sabía volver.
Una vez en la Tierra, donde creía que lo pasaría bien, la gente y los demás animales la confundieron con una luciérnaga brillantísima, así que todos querían atraparla. Huyó como pudo, muy asustada, hasta que se escondió tras una sábana. Entonces todos pensaron que era un fantasma, y huyeron despavoridos.
La estrellita aprovechó su disfraz para divertirse muchísimo asustando a todo el mundo, hasta que llegó a una montaña en la que vivía un gran dragón. La estrellita también trató de asustarle, pero no sabía que era un dragón comefantasmas, y cuando quiso darse cuenta, se encontraba entre las llamas de fuego que escupía por su boca el dragón.
Afortunadamente era una estrella muy caliente, así que pudo escapar del fuego y del dragón, pero acabó muerta de miedo y de tristeza por no estar con sus papás.
Estuvo llorando un rato, pero luego se le ocurrió una idea para encontrar a sus papás: buscó una gran roca en una montaña altísima, y desde allí, mirando al cielo, se asomó y se escondió, se asomó y escondió, y así una y otra vez.
Sus papás, que la andaban buscando preocupadísimos, vieron su luz intermitente brillar en la noche, y acudieron corriendo a señalarle el camino de vuelta.Así la estrellita vivió muchas aventuras y aprendió muchas cosas, pero ya no se le volvío a ocurrir irse solita hasta que fuera mayor.
( Pedro Pablo Sacristán)

Jugando con el sol

Había una vez un bosque en que todos los animales jugaban felices y contentos. Tanto que el sol que los veía quiso jugar con ellos. Estos le dejaron jugar, pero cuando el sol bajó del cielo y se acercó al bosque, ninguno podía resistir el calor y todos huyeron a esconderse.
Entonces, el sol volvió a subir junto a las nubes, pero estaba tan triste que ya no quería salir a iluminar nada, y sin el sol, todo se fue apagando, y el precioso bosque y sus animales también. Los animales, sabiendo la causa que apenaba al sol, se reunieron a pensar en formas de alegrarle, hasta que alguien propuso jugar con él de noche, cuando ya no quema, y así evitar sus rayos. Y así lo hicieron.Todos tuvieron que hacer un gran esfuerzo para descansar más durante el día y poder jugar por la noche, pero tenían tantas ganas de alegrar a su amigo el sol, que nadie puso ninguna pega, y la luz y la alegría volvieron al bosque y al resto del mundo.

(Es uno de los maravillosos cuentos creados por cada uno de los grupos del "Taller de Cuentos Creativos" que he dirigido esta tarde en el colegio Tajamar de Madrid. Quiero dar las gracias a todos los que han participado, porque ha sido una experiencia divertida y enriquecedora.)

LA MARIPOSA BELLA

Cuenta la historia que en un día de primavera todos los animalitos del bosque se preparaban para una gran fiesta.

Todos estaban invitados y querían ponerse muy lindos. Pero Bella la mariposa se creía muy superior a los demás. Pensaba que en el baile no encontraría a alguien que fuese tan hermoso como ella, y tan inteligente.

Todos los animalitos se prepararon, con adornos de flores, ramitas, sombreritos y muchos colores.

Bella, la mariposa, pensaba que no se iba a poner nada porque ya era muy linda.

El gran salón estaba decorado con hermosas luces, guirnaldas de flores y un gran espejo que era el centro de la fiesta. Todos bailaban contentos y se divertían.
Bella encontró alguien precioso , tan precioso como ella …pero que no hablaba, no pensaba, solo sonreía si ella lo hacía, y le saludaba cuando ella también lo hacía.

Los animalitos comenzaron a reírse de Bella, pero ella no les hizo caso y siguió encantada con esa persona fascinante.

Fueron pasando las horas y todos encontraron pareja y se iban a sus casas muy contentos.

Y cuando ya no había nadie en el salón, Bella desesperada se dio cuenta de que el ser fascinante que había estado con ella toda la noche, era su propio reflejo en el gran espejo del salón.

Bella se dio cuenta que había estado toda la noche sola, mirándose en el espejo y entonces reflexionó… Era muy hermosa pero por ser tan engreída ya se había quedado sola.



¡No seas como la mariposa bella, que por tanto quererse se quedó solo con ella! Mira a tu alrededor y disfruta con los demás.


Artista autora de la imagen Chariklia Zarris

EL GIRASOL TARDÓN


Había una vez un profesor que en una de las clases entregó semillas a sus alumnos y alumnas para que plantaran y cuidaran un girasol.
Uno de los niños, a quien encantaban las pipas de girasol, estaba tan emocionado que plantó la semilla y la cuidó con esmero durante días.
Cuando por fin apareció el primer brote, el niño impaciente fue a ver a su profesor "¿puedo arrancarla ya?", le preguntó ansioso.
El maestro contestó que aún debía cuidar la planta algún tiempo más antes de poder recoger las pipas del girasol.
El niño volvió decepcionado, pero siguió cuidando su planta. Pero cada vez estaba más impaciente, y no hacía más que preguntar al profesor cuándo podía cortar el girasol. Y aunque éste le pidió paciencia, en cuanto el niño vio las primeras pipas en la flor, las cortó para comerlas.
Sin embargo, la planta estaba aún verde, y las pipas no se podían comer. El niño quedó desolado: ¡tanto esfuerzo cuidando su planta para al final echarlo todo a perder por un poco de impaciencia!.
Y aún fue mayor su enfado cuando comprobó lo enormes que llegaron a ser los girasoles de sus compañeros, así que se propuso firmemente no volver a ser tan impaciente y hacer caso al profesor.


Cuando es necesario hay que tener paciencia y saber esperar, porque la impaciencia a veces nos hace tomar decisiones equivocadas.

Pico Chato, el equilibrista


Pico Chato era un pato de granja cuya mayor ilusión era convertirse en equilibrista. Todos los días ensayaba muchas horas sobre la cuerda, animado por su fiel amigo Poco Pocho, otro pato un poco más anciano que cuando era joven tuvo esa misma afición.
Pero como los dos eran un poco "patosos", la verdad es que no se les daba muy bien, aunque no por ello dejaban de entrenarse y tratar de mejorar.
Cierto día, llegó un carnero nuevo a la granja, que al poco de ver a los patos haciendo sus equilibrios, comenzó a halagarlo y a decirle lo bien que lo hacía y que sería capaz de cruzar un precipicio haciendo equilibrio sobre una cuerda.
Esto animó muchísimo a Pico Chato, a pesar de que su amigo Poco Pocho le comentaba que no había notado que lo hiciera mejor.
Y en pocos días, Pico Chato ya había quedado con el carnero junto al barranco del río, un lugar con un gran salto que sólo podría cruzarse pasando por una cuerda.
Poco Pocho trató de convencer a su amigo de que aún no era tan buen equilibrista y que aquello sería peligroso. Pero Pico Chato prefirió creerse al carnero , y pensó que era el mejor equilibrista del mundo, y que el viejo pato sólo tenía envidia. Así que Pico Chato se enfadó con su viejo amigo.
El pato empezó a cruzar el río sobre una cuerda, pero nada más comenzar, perdió el equilibrio y cayó.
El joven pato se agarró a la rama de un árbol que había al lado del río, y pidió ayuda al carnero, pero éste había desaparecido. Allí pasó un rato Pico Chato con la pata rota, pensando que su viejo amigo tenía razón, y en cuánta suerte tenía de tener un amigo tan bueno, capaz de decirle las cosas sinceramente...
Y efectivamente era un buen amigo, porque sabiendo lo que iba a ocurrir, no había perdido el tiempo, y había ido a buscar a un grupo de patos salvajes, viejos amigos suyos, que volaban mucho mejor que los pobres patos de granja.
Con ellos había preparado una operación de rescate, sabiendo que su amigo caería de la cuerda.
Pico Chato le pidió entonces mil perdones al anciano pato que aceptó encantado. Pico Chato se dio cuenta de que los buenos amigos siempre quieren nuestro bien.
( adaptación del cuento de Pedro Pablo Sacristán )

Carreras de patos



CuiK y CuaK eran dos patitos valientes y deportistas que vivían con mamá pata.
Los dos eran rapidísimos, y siempre estaban compitiendo. Echaban carreras en cualquier lugar: por tierra, por mar y por aire; corriendo, nadando o volando.
Un día que volvían de visitar al tio Patete, Cuik soltó las palabras clave "¡el último que llegue es un ganso!", y ambos salieron nadando río abajo.
Los dos conocían bien el camino, pero CuaK llevaba algún tiempo preparando un truco. Se había dado cuenta de que en el centro del río la corriente era más fuerte y podía ayudarle a ir más rápido, así que aunque mamá pata les tenía totalmente prohibido nadar por el centro del río, CuaK se dirigió hacia aquella zona pensando : "ya soy mayor para nadar aquí".
En seguida se vio que CuaK avanzaba mucho más rápido que Cuik y le sacaba mucha ventaja.
CuiK estaba indignado, porque él nunca desobedecía a mamá pata, pero por obedecer iba a perder la carrera
Según avanzaban la corriente se hacía más fuerte, y CuaK cruzó triunfante la línea de meta .
Pero CuaK no se dio cuenta de que el río lo llevaba directamente a un gran remolino en el centro del río; para cuando quiso reaccionar, allí estaba dando vueltas y vueltas, sin poder salir del remolino.
Sacarle de allí fue dificilísimo, porque ningún pato tenía fuerza para nadar en aquellas aguas . El pobre CuaK, que no paraba de tragar agua, la cabeza le daba mil vueltas .
Afortunadamente, una vaca de una granja cercana apareció por allí para sacar a CuaK antes de que él solo se bebiera toda el agua del río.
Cuando le dejaron en el suelo, siguió dando vueltas durante un buen rato, de lo mareado que estaba, mientras algunos de los animales que lo habían visto se reían contentos al ver que todo había acabado bien.
Aquel día CuiK comprendió que hacía bien haciendo caso a su mamá, aunque al principio pudiera parecer que era peor.
Y CuaK... bueno, CuaK no podría olvidarlo aunque quisiera, porque desde entonces, ya no se le ocurrió desobedecer a mamá

Aunque los mayores nos digan cosas que al principio no nos gusten, siempre lo hacen porque saben más y mejor lo que puede ocurrir.
(autor Pedro Pablo Sacristán)

EL NIÑO DE LAS MIL COSQUILLAS

Pepito Chispiñas era un niño tan sensible, tan sensible, que tenía cosquillas en el pelo. Bastaba con tocarle un poco la cabeza, y se rompía de la risa. Y cuando le daba esa risa de cosquillas, no había quien le hiciera parar.
Cuando venían a casa las amigas de su abuela, siempre terminaba desternillado de risa, porque no faltaba una viejecita que le tocase el pelo diciendo "qué majo".
En la peluquería nunca le pudieron cortar el pelo, porque cada vez que la peluquera le tocaba la cabeza, Pepito se partía de la risa.
Y los días de viento eran la monda, Pepito por el suelo de la risa en cuanto el viento movía su pelo.
Verle reír era, además de divertidísimo, tremendamente contagioso, y en cuanto Pepito empezaba con sus cosquillas, todos acababan riendo sin parar.
Así que, según se iba haciendo más mayor, empezaron a no dejarle entrar en muchos sitios, porque había muchas cosas serias que no se podían estropear con las risas de Pepito.
Pepito hizo de todo para controlar sus cosquillas: llevó mil sombreros distintos, utilizó laca y gomina muy fuertes, y hasta se rapó la cabeza …Incluso hizo un curso de yoga para ver si podía aguantar las cosquillas relajándose al máximo, pero nada, ¡era imposible!.
Pepito deseaba con todas sus fuerzas ser un chico normal, así que empezó a sentirse triste y desgraciado por ser diferente.
Hasta que un día en la calle conoció un payaso especial. Era muy viejecito, y ya casi no podía ni andar, pero cuando le vio triste y llorando, se acercó a Pepito para hacerle reír.
Pepito le contó su problema con las cosquillas, y le preguntó cómo era posible que un hombre tan anciano siguiera haciendo de payaso.
- No tengo quien me sustituya- dijo él, - y tengo un trabajo muy serio que hacer.
Pepito le miró extrañado; "¿serio?, ¿un payaso?", pensaba tratando de entender. Y el payaso le dijo:
- Ven, voy a enseñártelo.
Entonces el payaso le llevó a recorrer la ciudad, parando en muchos hospitales, casas de acogida, albergues, colegios... Todos estaban llenos de niños enfermos o sin padres, con problemas muy serios, pero en cuanto veían aparecer al payaso, sus caras cambiaban por completo y se iluminaban con una sonrisa.
Aquel día fue aún más especial, porque en cada parada las cosquillas de Pepito terminaron apareciendo, y su risa contagiosa acabó con todos los niños por los suelos, revolcándose de la risa.
Cuando acabaron su visita, el anciano payaso le dijo, guiñándole un ojo:
- ¿Ves ahora qué trabajo tan serio? Por eso no puedo retirarme, aunque sea tan viejito.

Es verdad pensó Pepito , ese trabajo no podría hacerlo cualquiera, habría que tener un don especial para la risa.
Y así, Pepito se convirtió en payaso, sustituyendo a aquel anciano tan excepcional, y cada día se alegraba de ser diferente, gracias a su don especial.

Todo lo que nos hace diferentes nos hace a la vez especiales.

GANAR O PERDER

Federico odiaba perder a lo que fuera. No podía soportar perder a nada, ni a las canicas. Nunca quería perder en ningún juego por nada del mundo.
Sus papás, maestros y muchos otros decían que no sabía perder. Cuando perdía , a Federico le parecía lo peor que a uno le puede ocurrir.
Por eso nunca jugaba a nada que se le diera mal y en lo que no fuera un fenómeno, nunca se divertía al jugar, sólo quería ganar y ganar… ganar a lo que fuese.
Federico sólo jugaba al futbolín, que era el único juego en el que siempre ganaba.
Alberto, un chico , llegó al colegio. Alberto era un experto en futbolín y enseguida se organizó una partida
El día de la partida, Federico estaba todo serio, concentrado en el juego y Alberto lo contrario, todo el rato sonriente y divertido.
Alberto era un fenómeno jugando pero estaba tan poco atento que Federico le hacía trampas para ganar.
Y llegó a ganar el partido. Federico estaba triunfante,levantando las manos y dando saltitos por haber ganado.
A Alberto no pareció importarle perder la partida : "ha sido muy divertido, tenemos que volver a jugar otro día".
Al día siguiente , Federico pudo ver a Alberto jugando al baloncesto; era realmente malísimo, perdía una y otra vez,pero nunca dejaba de sonreír ni de estar alegre.
Durante varios días , Federico observó a aquel niño alegre,buen jugador en algunas cosas, y muy malo en otras .Pero disfrutaba con todos los juegos siempre.
Federico empezó a comprender que para disfrutar de los juegos no era necesario ganar, sino disfrutarlos con ganas.
Y a partir de entonces, Federico se atrevió por fin a jugar al escondite, a hacer un chiste durante un partido al futbolín, y a sentir pena porque acabara un juego divertido, sin preocuparse por ganar.

Lo mejor es disfrutar de los juegos
y no dar tanta importancia a ganar o perder.

EL REGALO MÁGICO DEL CONEJITO POBRE

Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales.
Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas.
"Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas" . El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles el mejor uso.
Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejecita y pobre que casi no podía caminar.
"Dame algo de comer, por favor", le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas no se atrevía a dárselas.
Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dió a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia.
El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él.
Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y con un gallo cojo,le fue dando ramitas mágicas para ayudarles. Al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.En casa , contó la historia y sus padres estaban muy orgullosos por su comportamiento. Cuando iba a sacar la última ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dio a él.

En ese momento apareció el mago.
¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó.
El mago siguió diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!
Y el conejito salió temblando de su casa … Pero vio que todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales.
Y el conejito se sintió muy contento porque la magia de su generosidad había devuelto la alegría a todos.




EL ESPEJO ESTROPEADO

Mario era un niño listo y rico, que tenía de todo.
Como tenía de todo, sólo le llamaba la atención los objetos más raros y curiosos.
Un día pasó por una tienda y vio un espejo antiguo y convenció a sus padres para que se lo compraran.
Cuando llegó a casa y se vio reflejado en el espejo, sintió que su cara se veía muy triste. Delante del espejo empezó a sonreír y a hacer muecas, pero su reflejo seguía siendo triste.Extrañado, fue a comprar golosinas y volvió muy contento a mirarse otra vez en el espejo. Pero su reflejo seguía triste.
Consiguió todo tipo de juguetes, pero aún así no dejó de verse triste en el espejo.
Decepcionado abandonó el espejo en un rincón, pensando que el espejo estaba estropeado.
Esa misma tarde salió a la calle para jugar pero yendo hacia el parque, se encontró con un niño pequeño que estaba solo y lloraba tristemente.
Mario se acercó al niño pequeño que le contó que se había perdido de su papá y de su mamá, y juntos se pusieron a buscarlos.
Tras mucho caminar, terminaron encontrando a los padres del pequeño, que estaban muy preocupados.
Mario volvió a su casa, al llegar a su habitación, vio un brillo especial que salía del rincón en que abandonó el espejo.
Al mirarse, se descubrió a sí mismo radiante de alegría, iluminando la habitación entera.
Entonces comprendió el misterio de aquel espejo, solamente reflejaba la verdadera alegría. Mario se sentía verdaderamente feliz de haber ayudado a aquel niño.


"Ayudar a los demás produce la mejor alegría"

EL ELEFANTE DUMBO ( adaptado, muy resumido)

Dumbo era un elefantito muy gracioso y juguetón que vivía en un circo.
Su trompa era de un color gris claro, era la más bonita trompa que jamás se ha visto.
Pero sus orejas eran tan grandes que le llegaban casi a las rodillas.
Por eso los otros elefantes del circo se burlaban. Las burlas de sus compañeros ponían triste a Dumbo.
Entonces una ratita amiga animaba a Dumbo y le decía :
_ No llores; con esas orejas tú puedes volar...
Dumbo se subió al trapecio del circo, extendió las orejas y se soltó.
¡Qué maravilla! ¡Dumbo volaba!
¡Cómo envidiaban los demás elefantes ahora sus grandes orejas!

“No debemos reírnos de los defectos de los demás”

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LOS TRES CERDITOS ( adaptado a primer ciclo de Primaria)


Había una vez tres cerditos que querían construir sus propias casitas y cada uno eligió un lugar en el bosque .
El primer cerdito , que era muy perezoso y no quería trabajar construyó su casa de paja para terminar pronto y ponerse a jugar.
El segundo cerdito era también algo vago y para no tardar demasiado, construyó su casa con troncos de madera.
El tercer cerdito era muy responsable y le gustaba el trabajo bien hecho. Decidió que lo mejor sería hacer su casa de ladrillo. Le costaría más trabajo, pero también le quedaría mejor. Trabajó mucho pero la casita quedó muy bien hecha.
Al cabo de cierto tiempo apareció por el bosque un lobo muy grande y muy, muy malo.
Cuando el lobo llegó a la casa de paja sopló y la destruyó . El cerdito se escapó y se fue a la casa de madera.
Pero el lobo lo persiguió. Cuando el lobo llegó a la casa de madera, solamente tuvo que dar dos golpes para tirarla. Los dos cerditos escaparon y se refugiaron en la casa de ladrillo.
Entonces el lobo fue a la casa de ladrillo. pero por más que soplaba y golpeaba , no pudo caerla.
Como no podía tirar la casa, el lobo decidió entrar por la chimenea.
Pero los tres cerditos estaban ya preparados y habían puesto a calentar en el fuego una enorme olla de agua.
El lobo cayó dentro de la olla, y lanzando gritos tremendos, se fue corriendo hacia el bosque. Desde entonces, no ha vuelto a molestar a ningún cerdito.

“Debemos ser responsables y hacer bien nuestro trabajo”

EL LEÓN Y EL RATÓN

Un día un gran león dormía al sol. Un pequeño ratón tropezó con su zarpa y lo despertó. El gran león iba a engullirlo cuando el pequeño ratón gritó:
-_ Oh, por favor, déjame ir. Algún día puedo ayudarte.
El león rió ante la idea de que el pequeño ratón pudiera ayudarle, pero tenía buen corazón y lo dejó en libertad.
Poco después el león quedó atrapado en una red. Tiró y rasgó con todas sus fuerzas pero las cuerdas eran demasiado fuertes. Dio un potente rugido. El ratón le oyó y corrió hacia ese lugar.
- _ Tranquilo, querido león, yo te pondré en libertad. Roeré las cuerdas.
Con sus afilados dientes, el ratón cortó las cuerdas y el león se salvó de la red.
- Una vez te reíste de mí -dijo el ratón-. Creías que yo era demasiado pequeño para ayudarte. Pero, como ves, debes la vida a un pequeño y humilde ratón.


"Todos y todas somos necesarios y podemos colaborar con los demás"